ERRANTE
Camina sin estandarte.
Aún no pertenece, pero ya escucha el llamado.
The Order nace del pacto entre dos fuerzas complementarias: El Dorado y El Carmesí.
Uno ve el tablero completo. El otro sostiene la espada cuando el mundo tiembla.
Dos caminos. Una sola voluntad.
El Dorado analiza el tablero completo cuando otros solo perciben caos.
Define el rumbo antes del primer movimiento.
Convierte la incertidumbre en ventaja.
Aquiles es la luz que no solo guía, sino que vuelve inevitable la victoria.
El Carmesí encarna la calma que sostiene el acero sin romperse.
Sostiene el frente cuando la prueba llega.
Convierte la presión en permanencia.
Damon es la nobleza de la oscuridad que no destruye, sino que templa.
La Orden existe donde la voluntad no negocia.
Quien cruza este umbral no observa: asume.
Juramento de la Orden
Cada partida revela criterio y carácter. Aquí se juega para aprender, no para evadir.
El humor es bienvenido; la humillación vacía, no. La Orden se construye con filo, no con veneno. Las excusas no pertenecen.
La Orden piensa en eras, no en impulsos. La constancia y la disciplina sostienen la intensidad.
Camina sin estandarte.
Aún no pertenece, pero ya escucha el llamado.
Ha cruzado el umbral.
Observa, aprende y camina con la Orden.
Porta el deber de la Orden.
Disciplina, lealtad y presencia constante.
Anuncia eones olvidados.
Los cielos oyen a su mensajero.
Custodia el conocimiento revelado.
Protege los secretos de la Orden.
Pureza, iluminación y maestría.
No predice el futuro… lo ilumina.
Visiones del vacío y del caos.
No advierte el futuro… lo condena.
La fortaleza no se viste.
Se convierte en camino.
El último bastión de La Orden.
Donde cae la luz, donde la sombra no llega… se alza el Guardián.
Existen otras sendas.
No todas se revelan a quien no está listo.
Registros recuperados y reliquias del canal. No todo se revela. Lo esencial permanece.
Aquiles sostuvo la flama del Alba: una promesa que asciende sin pedir permiso.
Damon custodió el Abismo: una fuerza que no ruge… pero decide.
El mundo sintió su aproximación, no como profecía, sino como convergencia.
Cuando enfrentaron el mismo horizonte, no fueron opuestos: fueron núcleo.
Y entonces despertó el símbolo: un espiral ancestral, mitad dorado, mitad carmesí.
The Order ha despertado.